Tu ciudad



Las calles arden al anochecer, el cielo inflamado de tonos rojizos se clavan al centro del corazón.  La avenida se abre palpitante, me reclama, me nombra en silencio, se funde  en la oscuridad que amenaza con llegar.  Alertadas, las farolas inundan de luz las calles, como rosarios que cuelgan esperanzas, iluminando apenas las líneas amarillas y profundas del asfalto latiendo bajo los tacones.

El cruce de las personas, sombras hechas contraluz dibujándose apenas en la distancia, pasos congelados en aquella imagen que inocente rozaba todos mis deseos, la mirada acariciando cada posibilidad, preguntándome si acaso alguno de esos cuerpos distraídos, indiferentes, andando junto a mi, era el tuyo.  Quizás, aquél hombre sentado  en la otra acera, mirando la lluvia caer era tu nuevo disfraz.

La torre principal se alza ante mis pensamientos, anuncia la media noche el viejo reloj de la plaza.  A lo lejos,  la figura apenas melancólica de un jardín olvidado golpea la memoria, mientras una joven pareja de amantes se besa a escondidas en la oscuridad.  El aroma a tabaco húmedo se impone a tu recuerdo,   las volutas de humo  flotan como nosotros, entre el smog y la ausencia, de tu ciudad.


©Mayte G

9 comentarios:

  1. Las sombras del recuerdo se camuflan entre la niebla de las calles de la memoria.
    Se ve y se siente la escena: magnífico.


    Bss

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  2. Tu ciudad escucha tus aromas de desahucio... en palabras hernosas.

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  3. La ciudad absurda, sórdida, se rinde ante las palabras que forman imágenes en quien te lee.

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  4. Anónimo6/8/14 1:39

    Que bueno es hundirse entre sensaciones así, en las ciudades de todos, de nadie.

    Gracias.

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  5. Caminar en tus palabras y pasear por las calles de cualquier ciudad. :) Un saludo Mayte

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  6. Gracias por leer mis letras, en las tuyas encuentro un recuerdo
    nostálgico que pretendes apartar con la visión de esta urbe que te sublima.

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  7. Relato entre intimista y de novela negra que tiene frescura.
    Saludos.

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  8. La tristeza la vuelves creativa, querida Mayte. Un besote, voy volviendo...

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  9. La ciudad se convierte en ser vivo a través de tus palabras, inmenso ser que puede abrazarnos o pisarnos como a un mosquito pesado, pero que palpita al unísono con nuestro corazón y el de la vida misma.

    Muy bella descripción, donde lo físico y lo anímico van de la mano.

    besos

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