Nunca jamás



Eran dos heridos en medio de la nada, dos cuerpos flotando entre el deseo, dos horizontes lejanos que se atravesaron a quemarropa, sin futuro ni condiciones. Sus brazos eran la cuerda del reloj jugando con las emociones y el tiempo, sus besos el final de un día lleno de furia temprana, ninguno de los dos valoro el peligro de ceder ante lo imposible.

Sin pensarlo, sin saberlo siquiera, sus cuerpos fueron extensión del alma, caían unidos cada tarde en aquél sucio hotel fuera de la ciudad, donde la única moneda usada, era la pasión. Cómplices pasajeros de la piel que revoloteaba como mariposa a punto de morir, bajo el invierno incandescente de luces rotas de la cuidad.  Dos veletas al viento, capricho de mareas enredadas en cuerdas sin nudos, locos y pobres neuróticos perdidos por el tiempo que ya no volverá

Al final del puente sus manos estaban unidas firmemente, el salto al vació era inminente. Cada minuto que pasaba era interminable, ninguno sabía volar, sus pies estaban firmemente enraizados a los prejuicios del nunca jamás.



© Mayte G.
Imagen tomada
de la red.

5 comentarios:

  1. Bonito relato... las grandes pasiones de hotel, son a veces, como bien termina el relato, en saltos al vacío.

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  2. La pequeña levedad del ser.

    Estupendo Mayte,
    te beso.

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  3. Saltos que no suelen tener red..y luego, así nos va.
    Un abrazote, querida Mayte.

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  4. Me quedo suspirando!!!!
    Un besote,
    IDania

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  5. Saltar al precipicio a veces conlleva demasiadas pérdidas. :) Un besito Mayte

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