El Rincón de París IX


Las noches de primavera tardía aparcan sobre las aceras, caen lentamente llenado de recuerdos la piel, sobre su espalda desnuda se acunan todos los sueños atrapados en el silencio de otro amanecer, profundamente cercano, palpitando contra su pecho en cada memoria, cada noche, su voz la persigue como cazador sin clemencia, susurrando en el viento, recordándole su crueldad,  sin que ella pudiese remediarlo, siendo como era ahora,  solo una gota tardía de lluvia,  en la primavera asfixiante que se le resbalaba entre las manos.

Ante sus recuerdos, sobre esa mesa, alejada del mundo, el roce de sus manos ausentes,  era como el del primer amor, el que juega a sortear, sufrir y regresar sin cesar, gozando del libre albedrío de la inconsciencia juvenil, de esa frenética imaginación que poco a poco separa lo real de lo cotidiano y vuelve casi un sueño cada mínimo detalle, para luego estallar contra un beso que rompe todos los adióses posibles  volviendo terrenal y absoluto una realidad que ella ha ido negando desde su huida.

Sus piernas temblaban tras esa puerta, como si del pestillo pendieran todas sus acciones, se anidaba en ella, la sensación de su presencia, lo intuía como un veneno dulce sobre sus labios, y lo sabía,  no era una posibilidad, lo inevitable había sucedido hace años, no había punto de retorno entre los dos.     Su mirada fija en la ventana, tras el camino que poco a poco iba librándose de nieve y dejaba entrever la madera húmeda que aún crujía cuando alguien se acercaba.   Quizás era solo su conciencia, esa parte de su condena personal impuesta por voluntad propia, como la cicatriz en su cuello,  como la huella de su  sonrisa inocente mientras nadaban juntos en la fosa,  aquella mirda  llena de plegarias tras el último beso antes de zarpar el barco, el escarceo de sus yemas en aquella oscura biblioteca cuando apenas eran dos adolescentes, o ese rincón en parís que ahora amenazaba con volver a destruir en ella lo único que había construido sin Él.




©Mayte G.
Fotografía-Agnes Thor.

14 comentarios:

  1. La regresión lenta...
    a donde quedan retazos de un sentimiento
    de un estado previo.

    La escritura bonita vive en ti.

    Besiños.

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  2. El momento que siempre se añora o se teme, llega, y parece que así será con ella.

    Un beso enorme.

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  3. Ciertos rincones, ciertas penumbras son inolvidables.Un beso

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  4. Creo que ha llegado el punto del retornar a lo que se teme o se añora. Eso lo decidirá ella misma al llegar...

    Un abrazo

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  5. Precioso relato....Un saludo desde Almería.-
    http://visual-anjespinosa.blogspot.com.es/

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  6. Siempre llenas de magia la soledad el miedo no es tal, en tus palabras, solo un paso más a vivir.

    Te beso.

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  7. Qué pena que el amor llegue a ser destructivo para uno de los amantes. Aunque no sé si lo destructivo es el amor o la pasión. Excelente texto, mayte. Besos, querida amiga.

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  8. Me encanta tu prosa sobria y precisa. En primavera vuelven las golondrinas con recuerdos en el pico, nada más.


    Bss

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  9. ¡Qué bien escribes, Mayte! ¡Magnífico texto! ¡Enhorabuena! Un abrazo

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  10. Tus rincones de París hablan de amor.
    Y también de soledades, puesto que la soledad y el amor son eslabones de la misma cadena.
    Besitos, tesoro

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  11. Me encanta esta forma tuya de convertir los elementos de cada escenario en personajes con vida propia, que parecen sentir además de provocar sentimientos, que adquieren movimiento y autonomía y hasta potestad sobre los acontecimientos.

    Un placer leerte.

    Besos

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  12. Recreando espacios con tu bonita pluma.
    :) Un besito Mayte

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  13. Niña, estaba perdida, pero ya me encontré. Volví con la primavera.
    Un beso

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  14. El estar o no estar. Todo tras la puerta. Preciso.

    Besos
    Antonio

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