El Rincón de París VI


El muelle crujía bajo sus pasos, la claridad absoluta del mar la golpeaba con suaves destellos de luz, se detuvo frente al barco, como si su memoria la obligara a estacionar sus recuerdos en ese instante, llevándola a  los días en que las líneas de barcos imponentes, desfilaban ante sus deseos escondidos bajo el vestido blanco de seda, al ir  ir y venir de los hombres y mujeres bailando al compás de la suave mar que se diluía antes de tocar puerto,  al momento en que el ancla tocaba fondo y descendía la planchada,  al latido acelerado de su corazón, pleno de impaciencia, al borde del muelle.

Ahí estaba Él, sin sombrero, salvaje como siempre, con el pelo desordenado, con sus ojos enormes y vibrantes, fijos en un punto. En sus manos llevaba junto a un puñado de libros, un atado de lavanda fresca que debió robar de algún jardín. Su piel se erizó.

Sonaron siete campanadas, eternas, profundas, palpitando cada una en su interior, como un eco lleno de poderío, retumbando en cada calle vieja del puerto.  Él desembarcó casi de último entre todos los pasajeros, mientras Ella respiraba profundamente y sonreía,  sus manos se tocaron plenas y delicadamente para saludarse en un gesto oculto de pasión... Él  le contaba del ajetreo del viaje, de como saltó una cerca para traerle lavanda fresca.   Ella escuchaba en silencio, parecía que algo más allá de su propia voz,  le hacia levitar a su lado, el aroma de su piel,  sus manos chocando como barcazas sin sostén, una contra otra al caminar juntos, era tan natural esa cercanía entre los dos, como la brisa del mar,  mojando la piel en pleno verano.

Caminaron lentamente, mientras la gente abandonaba el muelle con prisas, de repente todo volvía a la calma, sus miradas se atraían irremediablemente, mientras conversaban, entraron  a un pequeño bar, eligieron una mesa del fondo, aislados del resto del mundo.   Ella se quito los guantes, y los coloco entre los dos -era la única frontera que los separaba-,  Él tomo uno entre sus manos, lo acaricio con tal cuidado que sus yemas comenzaron a vibrar, como si se tratara de su propia piel.  Ella percibía el calor, conocía esa sensación, la ansiaba, sus manos atraparon las suyas en un impulso que no quiso detener, la electricidad recorrió sus cuerpos, mientras sus labios se hundían en caricias.

El sonido de la planchada al ir bajando, la trajo de vuelta al ruido incesante de los viajeros, al humo vacilante de los barcos, respiro profundamente, aferrándose con fuerza a la barandilla del barco, subió para alejarse de aquél lugar, sin mirar una sola vez atrás.




©Mayte G.
Categoría:Cuenta-Historias.


26 comentarios:

  1. Me gusta como manejas los dos tiempos fundidos en un pasado-presente en la memoria de Ella, París es un poco mío también.

    Besos.

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  2. A mi si que me traspasas con estas historias en París, llenas de memoria, de pasión.

    Te beso.

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  3. Impresionante, no se me ocurre decir otra cosa. Excelente texto.
    Saludos

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  4. Elegante, sensual y lleno de una belleza que cautiva, no es París, eres Tú.

    Besos.
    Pedro.

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  5. Crea Usted mi querida Mayte, figuras maravillosas dentro de la prosa que abruman, emocionan y traspasan.

    Mis felicitaciones, es de los mejores escritos de su serie: "Rincón de París".

    Crítico Admirado.

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  6. Qué manera tan fina de desarrollar tu texto.
    Me encantó, está para película.
    Un abrazo.

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  7. Precioso y emocionante texto que evoca mis más íntimos recuerdos.
    Bellísimo querida Mayte!

    Un abrazo

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  8. Niña, quiero ir a París! feliz semana de verano.

    Besos

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  9. Mayte... admiro tu imaginación!!!
    Es tan bella que me haces sumergir de lleno en esa historia, en el lugar... hasta los sentidos se afinan con la lectura!!!
    Preciosa prosa ... creo que estuve ahí!!!
    Sin dudas!!!
    Besos a tu alma,siempre!!!

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  10. Elquemastehaquerido26/6/12 22:08

    Suavidad, nostalgia, ella late en París y nosotros contigo, al leerte.

    Besos!

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  11. No se debe volver la vista, la melancolía puede apresar la mirada....

    Preciosa esta serie de París.

    besos

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  12. Me ha parecido estar leyendo el final del guión de una película en blanco y negro.

    Hermoso

    Besos

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  13. ¿Sólo fue un sueño entonces?

    Buen día

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  14. Melancolía, nostalgia, tristeza...
    Mejor no mirar atrás, pero no siempre somos fuertes.
    Besos, querida Mayte.

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  15. Es bellísimo May!! Me encanta la historia y como la cuentas.

    Besitos!

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  16. Siempre podemos volver a nuestro París Mayte, en tus sueños y en los míos.

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  17. Recuperar el palpitar de un episodio gracias a unas cuantas palabras y alejarse de nuevo hasta este presente huidizo.

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  18. Hay barcos que siempre viven dentro de nosotros. Sensaciones que se viven... sobre todo en París. Siempre nos quedará París.


    Saludos y un abrazo.

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  19. ¡Hola Mayte!
    Un bonito relato lleno de añoranzas, de cariño arrinconado...

    Saludos de J.M. Ojeda.

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  20. Anónimo5/7/12 4:40

    Enamoras...palabra tras palabra arrasas con los recuerdos.

    Beso.

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  21. Sublime Mayte! Que bien describes estas nostálgica, pero bellas escenas.
    Un abrazo.
    Ramón

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  22. Como de costumbre , tu prosa impecable y bella, nos hace partícipes de tu narración...
    Besitos en el alma
    Scarlet2807

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  23. Gracias a tod@s por sus palabras...siempre animan e incitan a divagar más.

    Abrazos a repartir.

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  24. Volver la mirada Mayte, me quedo con ese detalle que atrapa un ayer que no deja que el presente se desenvuelva.
    Siempre hay un ayer en todos nosotros, de una u otra manera.
    Besitos y precioso texto.

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