El sendero



En silencio, caminó por el estrecho sendero junto al ferrocarril.  Sus pasos eran seguros, firmes llenos de belleza como una pantera recién llegada a la vida adulta, al encuentro de su destino. Lo miro a lo lejos, su sonrisa franca, abierta, llena de alegría. Dos besos, un abrazo corto, la misma vieja cafetería, miradas, sonrisas.  La taza cayó estrepitosamente al suelo, mil pedazos de porcelana suspendidos en el aroma a café recién tostado. Apenas una media sonrisa, un adiós apresurado y su mirada perdiéndose entre aquellos brazos que ya no eran  suyos.




©Mayte G.
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