I. Cartas


 Se borra la delicada línea que dibuja mi poca cordura del intenso brillo de tu mirada, recorrer cada pequeña fisura de tu alma,  terrible e infinitamente bella, hace que todo en mi delire,  como esas luciérnagas que rondan la noche de otoño y se desnudan en mil luces destellantes para atraer cada sensación y arrebujarla muy cerca de la piel.

Un leve sonido hace despertar todas las alarmas que han ido cercando los sentimientos, viajan alebrestadas por confines infinitos en el hueco de tu ombligo.  El silencio es dueño de cada sensación don los deseos duermen en promesas fugitivas por los labios.  Tu boca es el muro ciego,derrumbándose en un salto al vacío,  donde tu (mi) caída, es el anuncio final, tatuado entre líneas de vida. 

La rueda ha vuelto a girar,  el tiempo  se mece a su antojo contra el viento, cosquillea bajo las yemas, se desliza por el corazón estepario que te escucha desde este, mi mundo, rendido,  ante tu tu mirada clavada como una daga llena de ternura, que desgarra toda la frialdad construida antes de tu llegada.



© Mayte G.


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